MENU

Como carne y uña (1998)

Crítica

La carne y el tejido de la historia. Clarín 03/1998

Cristina Piffer y Claudia Contreras usan desde tejidos y bordados hasta carne vacuna para representar la violencia del pasado remoto y reciente en el país.

ANA MARÍA BATTISTOZZI

Trabajan juntas, comparten el mismo taller y un terreno común donde cruzan ideas. Se diría que son como carne y uña, una expresión popular que Claudia Contreras y Cristina Piffer decidieron usar para la muestra que presentan hasta fin de abril en el Centro Cultural Borges. Los términos carne y uña aluden a una relación muy íntima, pero también a una condición muy primitiva del ser. Es esa condición primitiva, brutal, la que se desliza como una constante en la lectura de la historia que estas artistas hacen a través de recursos y soportes no convencionales.

El cuerpo de la patria.

Contreras utiliza el tejido, el bordado y el cuerpo femenino en el sentido metafórico de la república que se construye, dolorosamente, como una trama, las telas, frágiles y ligeras, aparecen tensadas, entretejidas y expuestas como territorio de la civilidad. Sobre ese cuerpo y sus zonas erógenas, la artista borda cuidadosamente los símbolos de nuestra historia cruzados con representaciones biológicas. Células, arterias y diagramas cerebrales asimilan el territorio nacional a un organismo con enfermedades crónicas. La fragmentación y el dolor son los síntomas que Contreras consigna en historias clínicas multiplicadas en serie. El mapa corporal de la Argentina aparece acosado por la inminencia de un tumor que amenaza con consumirlo. Las instituciones, la Casa de Tucumán, la Casa de Gobierno y la Escuela de Mecánica de la Armada, son bordadas en el sitio del sexo, asociado a la vida, el placer, pero también a la violencia.

Precisamente, los actos de violencia más tremendos de la historia reciente fueron justificados con la metáfora del cuerpo enfermo que es preciso intervenir. Es allí donde se cruza la obra de Contreras con la de Piffer. El tejido de la historia y la historia del tejido social se hacen carne en la obra de esta última. La artista desmonta este proceso en una imagen brutal. Se diría que salvaje, hasta en el modo mismo de su producción. Con un método perversamente laborioso, Piffer trabaja trozos de carne cruda, los deja secar hasta que adquieren un punto de momificación y luego los encierra en resina transparente que les da la prolija apariencia de una lápida de mármol. Luego inscribe los nombres de la historia pasados a degüello: Beron de Astrada, Francisco Ramírez, Pedro Castelli, Santa Coloma y el Chacho Peñaloza Figuras de distinto signo político que perdieron la cabeza al tiempo que, como señala la artista, también le hacían perder la cabeza a su verdugo.

La uña como daga

La uña es también esa daga que se clava en la carne para segar el disenso. Luego, el agua borrará la huella del crimen y así la historia sigue su curso de olvidos. Piffer no se resigna; usa materiales transparentes para que aflore la verdad de las cosas.
Tan salvaje y contradictoria como ese pasado que sobrevive en este presente de apariencias modernas y cultas, la obra de Piffer es la expresión de esa dialéctica perversa que se impone a la voluntad de saber. Sobre todo a la recomposición del tejido que estas dos artistas intentan desentrañar en la trama de la historia.

La violencia congénita argentina según dos artistas. Página 12. 24/03/1998

Cristina Piffer Claudia Contreras exhiben sus versiones de los violentos antagonismos que fundan el país 

Por Adriana Lauria

Violencia como característica de identidad nacional. Una historia de antagonismos cuyos resultados fueron el desborde y los crímenes de lesa humanidad. Una débil noción de comunidad, donde la solidaridad y el respeto a la dignidad se ven muchas veces escarnecidos por la impudicia de un poder autoritario, cuya agresiva discrecionalidad recibe como respuesta la violencia de la desesperación. Ambición por el poder, dominación por el terror, violencia que engendra ira y rebelión ante la conculcación de derechos, falta de justicia y equidad social. La cadena de venganzas seguramente hará perder de vista el lado de la razón, confundiendo métodos con fines. Finalmente demasiadas excusas para explicar lo inexplicable. Esta es la temática que abordan Cristina Piffer(l953)y Claudia Contreras (1956)en la exposición que titulan "Como carne y uña", haciendo referencia desde un principio a la intima unión entre los seres. Pero también están implícitas en este título las consecuencias de los hechos por ellas aludidos, porque las últimas décadas nos han impuesto, rotundamente, lo que significa separar la carne de la uña. En el conjunto de piezas que componen su obra "Perder la cabeza". Piffer indaga la tradición violenta que signa la vida argentina. Ilustres degollados prestan sus nombres para las placas de carne y resina que -simulando una suntuosidad marmórea- yacen en la mesa de acero de esta disección histórica. Francisco Ramírez es pasado a degüello durante luchas hegemónicas entre caudillos provinciales. Del mismo modo son ejecutados Berón de Astrada y los unitarios Pedro Castelli y Marco Avellaneda, quienes conducen sucesivas rebeliones contra la dictadura de Juan Manuel de Rosas. Luego de su caída esta metodología sigue aplicándose. Así mueren Santa Coloma, jefe de la Mazorca -fuerza represora nazista- y el Chacho Peñaloza sublevado contra el gobierno de Buenos Aires.

Sin importar el bando al que se perteneciera, a la hora de disponer del enemigo se elige este sistema, donde - como señala Piffer - no sólo pierde la cabeza el degollado sino también su verdugo quien para ajusticiar a su víctima debe, cuerpo a cuerpo, cortar a cuchillo su cuello palpitante.

Esta práctica se asemeja en brutalidad y precisión a la desplegada en los mataderos del siglo XIX, que la artista consigna en otras placas en las que talla fragmentos de las crónicas de Alcides D'Orbigny. Este naturalista francés describe las actividades en torno al saladero, principal recurso económico de la Argentina de la época. Al omitir la identificación del sujeto sacrificado, los textos seleccionados confunden bestias con humanos, y recrean, como lo hiciera Esteban Echeverría en su texto "El matadero", el clima de sangrienta violencia que se cernía sobre el país.

Estirpe de cuchilleros que aun a principios de este siglo mantiene  esta tradición iracunda. Borges se ha referido a estos personajes en poemas y relatos, cuyo tono épico no omite crueldades. La cita elegida por Piffer de "Hombre de la esquina rosada" describe el momento en que para borrar las huellas del crimen se lanza el cuerpo de un hombre al agua, previamente destripado para evitar que flote. La inscripción aparece en una caja transparente cuyo contenido líquido evoca el "hundimiento" de toda evidencia. La relación con el método por el que cientos de víctimas de la última dictadura militar desaparecieron se hace inevitable.
Otro mosaico de carne, en cuyo centro se ve la bandera argentina a través de una lente, alude quizás a un sentimiento de patria "aumentado" por el cristal de nuestro espíritu, pero que también "presiona" la carnalidad en la que se inserta.

En relación con esta noción de nacionalidad encarnada, la obra de Contreras "El cuerpo como territorio y el territorio como cuerpo" presenta al país como un organismo vivo. Para ello inventa una "biogeografía", en la cual los contornos cartográficos de la Argentina sufren malformaciones. Esquema de células, órganos, mapas, significativas fachadas de edificios históricos, escarapelas y otras alegorías nacionales se combinan y multiplican para simbolizar un cuerpo de país atacado por afecciones que, como la violencia, parecen congénitas. La delicadeza de estos dibujos y su inserción por medio de finos bordados en débiles telas remiten a la fragilidad del tejido social y a la de las vidas que lo componen.
Por su disposición simétrica y su repetición espejada, estas figuras parecen constituir una heráldica del malestar, conformando nuevas enseñas de identificación ciudadana. La presencia de cadenas de ADN y el desdoblamiento de imágenes que remeda el proceso de división celular por el que puede generarse una vida refuerza esta idea de identidad, que no sólo está constituida por la retórica de los símbolos patrios, sino también, y sobre todo, por algunas constantes históricas que se presentan como problema.

La iconografía escolar que se trasluce en mapas y diseños biológicos tiene que ver con la evocación de una credulidad infantil que adoptó, inocentemente, un estereotipo de país en gran medida inexistente pero del que tal vez valga la pena rescatar el fervor del sentimiento de pertenencia. Los soportes tomados del ámbito hospitalario, apoyanotas en los que se consigna la evolución de un paciente, biombos que separan una cama de otra, sobre todo en una crisis reconducen la interpretación do estas piezas hacia la concepción de país enfermo. Otro tanto ocurre con la elección de las perchas metálicas con forma de torso, que asimilan la geografía a un cuerpo lábil. Piffer se sirve de la historia para poner en una perspectiva tolerable los agresivos enfrentamientos en que los argentinos parecemos persistir. Contreras analiza al país con la distancia que le prestan las ciencias, diagnosticando desde su laboratorio creativo y bajo el microscopio de su arte una Argentina doliente por su reiterada intemperancia. Ambas abordan desde la metáfora artística un pasado siniestro que  remoto o inmediato, acechará volverse presente en cualquier descuido del olvido.

Lo crudo y lo cocido, en boca de dos artistas. La Nación 07/03/1998

Hace más de tres décadas, Claude Lévi Strauss, el gran antropólogo francés, publicaba "Lo crudo y lo cocido". En sus páginas, al mostrar la relación entra diversos mitos, descubría que todos tenían como tema la oposición entre esos dos conceptos: la naturaleza y la cultura. Allí se enfrentaban la vida breve y la inmortalidad, lo fresco y lo corrompido, la tierra y el cielo, lo abierto y lo cerrado, el incesto y el parricidio. Todos estos mitos eran metáforas culinarias, pero asimismo correspondían a metáforas de la cultura. Tomando libremente estos conceptos podemos elaborar un marco referencial para comprender las obras expuestas por Claudia Contreras y Cristina Piffer, con el titulo "Como carne y uña", en el Centro Cultural Borges (Viamonte esq. San Martín).

Piffer, entre otras piezas, presenta unos módulos muy minimalistas de resina poliéster conteniendo auténticos trozos de carne sanguinolenta. En ellos, las inscripciones de apariencia  sepulcral con los nombres de Berón de Astrada, de Pedro Castelli y de Marco Avellaneda, entre otros ilustres degollados, remiten al discurso explicito de la artista sobre la historia argentina del siglo XIX.

Los mapas, las escarapelas escolares, las alegorías patrióticas de Contreras, presentadas como labores femeninas con bordados realizados a máquina sobre telas muy livianas, tienen otro referente preciso: el antiguo discurso aséptico de historia patria.
Lo "crudo y lo cocido", la metáfora que hemos introducido, nos permite explicar, por una parte, en la obra de Piffer, la naturaleza bárbara de los hombres; por la otra, en la de Contreras, la aproximación la cultura académica, los "alimentos", nacidos de la máxima creación humana: la cocción por el fuego domesticado. Pero no puede creerse a pie juntillas lo que las artistas muestran como evidente. La apertura o multiplicidad de significadas es condición necesaria del arte. No hay dudas de que la formulación "crudo
-cocido" tiene un carácter equivoco. La dialéctica de las oposiciones  se ha desvanecido. Son impensables. Lo crudo puede estar podrido: lo cocido envenado. La carne cruda conservada en módulos de resina no puede asarse. El torrente de la vida moderna ha borrado del imaginario los símbolos patrios. Contreras y Piffer, es evidente, hablan de varios tópicos con estas obras, por cierto de destacado mérito tanto por su carácter conceptual crítico como por su impecable realización y riguroso montaje. En toda la muestra emana un contexto de urgencia cultural en el que no está ausente la idea de no dejarse arrollar por el entorno. En ella existe, en definitiva, una visión negativa de la sociedad contemporánea, de la violencia cotidiana y de los conflictos sociales e institucionales. Es el espectador quien debe descubrir, por si mismo, estas referencias. 

Jorge López Anaya

Premio a las Artes Visuales 1998

Exhibición Colectiva de Artistas Nacionales (Curador): "Tradición Constructiva", MAMBA, Adriana Lauría, (16 votos) "Como carne y uña", CCB, Claudia Contreras, Cristina Piffer, (7 votos)
Asociación Argentina de Críticos de Arte

Premios a Las Artes Visuales 1998
--------------------------------------------------------------------------------

Finalizada la votación de las ternas presentadas a los miembros de la AACA para los Premios a las Artes Visuales '98, se informa su resultado:

Porcentaje de votos emitidos sobre el total de miembros asociados, incluye las abstenciones parciales:54%

Trayectoria: Alberto Heredia (17 votos) Víctor Grippo (10 votos) Alfredo Portillos (4 votos)
Artista: Oscar Bony (14 votos) Ricardo Garabito (11 votos) Horacio Zabala (5 votos) Artista Joven: Jorge Macchi (12 votos) Nicola Costantino (9 votos) Marina De Caro (8 votos)
Artista Iniciación: Silvia Gai (11 votos) Karina Paisajovich (8 votos) Sergio Avello (4 votos)
Exhibición Individual de Artista Nacional (Curador): "Alberto Heredia: Retrospectiva", MAMBA, Laura Buccellato, Cecilia Rabossi, Clelia Taricco, (16 votos) "Kenneth Kemble: La Gran Ruptura Obras 1956-1963", CCR, Marcelo Pacheco, (7 votos) "Juan Doffo: Segundo Resumen 1987-1997", Juan Doffo, (3 votos)
Exhibición Colectiva de Artistas Nacionales (Curador): "Tradición Constructiva", MAMBA, Adriana Lauría, (16 votos) "Como carne y uña", CCB, Claudia Contreras, Cristina Piffer, (7 votos) "Esculturas en el jardín", Museo Larreta, Nelly Perazzo, (6 votos)
Exhibición Individual de Artista Extranjero (Curador): "Dan Flavin", Fundación Proa, Michael Govan, (18 votos) "Antoine Bourdelle", MNBA, Véronique Gautherin, (11 votos) "Hannah Hoch", MArte Decorativo, Adrián Gotz, (sin votos)
Espacio de Arte en los Medios: "La Maga", Post Mortem, Julio Sánchez, (13 votos) "D.N.I.". Camila O'Connell, (12 votos)
Revista de Arte: "Buenos Aires Bellas Artes", MNBA/CAYC/UP, (14 votos) "Observador Daltónico", (8 votos) "Artinf", (4 votos)
Museo o Institución Cultural: Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, (14 votos) Centro Cultural "Ricardo Rojas", UBA, (12 votos) Centro Cultural Parque de España, Rosario, (5 votos)
Acción Docente: Guillermo Kuitca, (13 votos) Lucas Fragasso, (11 votos) Diana Aizenberg, (2 votos)
Trayectoria Acción Docente: Luis Felipe Noé, (14 votos) Margarita Paksa, (6 votos) Alfredo Portillos, (6 votos)
Experiencias: "Reconstrucción de las Experiencias '68", Fundación Proa, Patricia Rizzo, (11 votos) "Al Ras", Video Performance, Grupo Fosa, MAMBA, (9 votos) "Intervención en bares", Grupo Cero Barrado (3 votos) Galería: "Arte x Arte", Belgrano Puertas Abiertas, (16 votos) La Galería del Centro Cultural Rojas. (7 votos) "Roberto Martín Arte Contemporáneo", (2 votos)
Acción Cultural:Desierto , Fondo Nacional de las Artes, (9 votos) Fundación Espigas, (6 votos)
Videoarte: "La espuma de los días" y "La Tarde del Escritor", MAMBA, Gustavo Romano, (9 votos) "Ventanas", CCR, Leandro Erlich, (5 votos) "Reflejo de lo Invisible", MAMBA, Art Detroy, (3 votos)
Fotografía: "La Ciudad Subterránea", CCR, Fabiana Barreda, (11 votos) "El Triunfo de la muerte", MNBA, Oscar Bony, (10 votos) "El Buenos Aires de Horacio Coppola", CCR, Horacio Coppola (6 votos)
Crítico Latinoamericano: Luis Camnitzer, Uruguay (13 votos) Marí Carmen Ramírez, Puerto Rico (12 votos)
Trayectoria Crítico Latinoamericano: Paulo Herkenhoff, Brasil (13 votos) Gerardo Mosquera, Cuba (13 votos) distinción ex aequo

Los Premios a las Artes Visuales que la Asociación Argentina de Críticos de Arte confiere desde el año 1982, fueron entregados en acto público .

Rosa J. Faccaro, Secretaria General - Horacio Safons, Presidente

Territorio Violento. Lic. Adriana Lauria (fragmento)

"La feroz alquimia de la violencia transformaba entonces en odio y resentimientolas fuerzas profundas del país, extraído de golpe de lo más hondo del desorden y la pereza.
Violencia desatada y violencia latente en las oraciones, en las divisas, en las pura, eléctrica sustancia de las médulas, en la estructura misma de los organismos, como sí la aspirasen y se nutrieran de ella y a la vez la exhalaran contaminando el aire. "

Enrique Molina."Una sombra donde sueña Camila O´Gorman"  


Violencia como característica de identidad nacional. Una historia de antagonismos cuyos resultados fueron el desborde y los crímenes de lesa humanidad. Una débil noción de comunidad, donde la solidaridad y el respeto a la dignidad se ven muchas veces escarnecidos por la impudicia de un poder autoritario, cuya agresiva discrecionalidad recibe como respuesta la violencia de la desesperación. Ambición por el poder, dominación por el terror, violencia que engendro ira y rebelión ante la conculcación de derechos, falta de justicia y equidad social. La cadena de venganzas seguramente hará perder de vista el lado de la razón confundiendo métodos con fines. Finalmente demasiados excusas para explicar lo inexplicable.


Esto es la temática que abordan Cristina Piffer y Claudia Contreras en la exposición que titulan Como carne y uña, haciendo referencia desde un principio o la íntima unión entre los seres. Pero también están implícitos en este título las consecuencias de los hechos por ellos aludidos, porque las últimas décadas nos han impuesto, rotundamente, lo que significa separar la carne de la uña.
En relación con esta noción de nacionalidad encarnada, la obra de Contreras El cuerpo como territorio y el territorio como cuerpo, presenta al país como un organismo vivo. Para ello inventa una "biogeografía", en la cual los contornos cartográficos de la Argentina sufren malformaciones.


Esquemas de células, órganos, mapas, significativas fachadas de edificios históricos, escarapelas y otras alegorías nacionales, se combinan y multiplican para simbolizar un cuerpo de país atacado por afecciones, que como la violencia, parecen congénitas. La delicadeza de estos dibujos y su inserción por medio de finos bordados en débiles telas, remiten a la fragilidad del tejido social y a la de las vidas que lo componen. Por su disposición simétrica y su repetición espejada, estas figuras parecen constituir una heráldica del malestar, conformando nuevos enseñas de identificación ciudadana. La presencia de cadenas de ADN y el desdoblamiento de imágenes que remeda el proceso de división celular por el que puede generarse una vida, refuerza esta idea de identidad, que no sólo está constituida por la retórica de los símbolos patrios, sino también, y sobre todo, por algunas constantes históricas que se presentan como problema.


La iconografía escolar que se trasluce en mapas y diseños biológicos tiene que ver con la evocación de una credulidad infantil que adoptó, inocentemente, un estereotipo de país en gran medida inexistente, pero del que tal vez valga la pena rescatar el fervor del sentimiento de pertenencia.


Los soportes tomados del ámbito hospitalario - apoya notas en los que se consignó la evolución de un paciente, biombos que separan una cama de otra, sobre todo en una crisis- reconducen la interpretación de estas piezas hacia la concepción de país enfermo. Otro tanto ocurre con la elección de las perchas metálicas con forma de torso, que asimilan la geografía a un cuerpo lábil.
Contreras analiza al país con la distancia que le prestan las ciencias, diagnosticando desde su laboratorio creativo y bajo el microscopio de su arte, una Argentina doliente por su reiterada intemperancia, abordan desde la metáfora artística un pasado siniestro que remoto o inmediato, acechará volverse presente en cualquier descuido del olvido. 

Fragmento de texto publicado en el catálogo de la obra